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domingo, 24 de febrero de 2008

RECUPERAR EL CONCEPTO DE DIGNIDAD HUMANA


JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ GALINDO


Son múltiples, y de distintos orígenes, los motivos que tenemos para afirmar que, infortunadamente -pese a lo expresado por la Constitución colombiana-, entre nosotros va perdiendo contenido y arraigo el concepto mismo de dignidad humana, y en la medida en que la comunidad parece no comprenderlo en todos sus alcances, creyendo a veces que son "normales" muchas cosas que pasan y que implican grave ofensa a tal concepto, se va degradando la convivencia, que de su naturaleza propia -relacionada con un fecundo y benéfico intercambio de aportes y posibilidades entre los miembros de aquélla- pasa a convertirse en fastidioso y forzado viaje colectivo cuyas incomodidades profundizan la tendencia al egoísmo.
Eso lleva simultáneamente a una necesaria indolencia respecto a lo que ocurra a los demás, lo cual simple y llanamente "...no nos importa...", mientras tengamos el privilegio individual de no vernos afectados.
Se rompe allí, por la misma razón, todo concepto de solidaridad, y se multiplican las razones para que, en nuestra moderna sociedad, por paradoja, los grandes avances de la tecnología, la ciencia y el desarrollo, en vez de ser útiles para unir a los seres humanos, los separen, llegando casi a convertirlos en enemigos, todos contra todos, cristalizando después de muchos siglos la vieja concepción filosófica de Hobbes según la cual "el hombre es lobo para el hombre".
No es descartable que esto mismo ocurra, guardadas las debidas proporciones, en todas o en la mayoría de las sociedades contemporáneas, pero en nuestra querida Colombia los síntomas son muchos y están a la orden del día.
El artículo 1 de la Constitución, que proclama como uno de los fundamentos de la organización política el respeto a la dignidad humana, la toma como uno de los valores máximos del sistema jurídico, y -según ha sostenido la jurisprudencia constitucional- ello implica que la persona -toda persona- sea una finalidad en sí misma, y no un medio o instrumento para alcanzar otros fines, vengan éstos de donde vinieren.
La violencia desatada en las últimas décadas en nuestra sociedad, a todos los niveles; la intolerancia, que está creciendo a pasos agigantados; las distintas formas de delincuencia; el secuestro; la intransigencia de las instituciones financieras con sus deudores; la displicencia de las instituciones asistenciales y de salud hacia sus pacientes; la fiebre del dinero fácil; la explotación económica de muchos a manos de pocos; la misma actitud de un Estado que sólo piensa en las cifras y en los índices de rentabilidad y ahorro presupuestal y jamás en los seres humanos a cuyo servicio debía estar entregado como Estado Social de Derecho,...para mencionar apenas algunos de tales síntomas, hablan por sí mismos.
Es necesario hablar de esto, y recuperar el concepto, en toda su dimensión y con todas sus consecuencias, por lo cual, en estos escritos nuestros habremos de tratar en forma constante los muchos tópicos que este tema suscita.

Aserrín, Aserrán

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Bogotá, D.C.., Cundinamarca, Colombia
ABOGADO Y PROFESOR UNIVERSITARIO. EX MAGISTRADO DE LA CORTE CONSTITUCIONAL DE COLOMBIA